viernes, 29 de noviembre de 2013

Yo y mis objetivos.

Buenas de nuevo.
Pequeña historia y una gran lección:

La niña y el acróbata

Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos.
Por eso, el hombre le indicó a la niña:
- Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo.
De ese modo no correremos peligro, pequeña.
Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
- No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

El Maestro dice: Permanece vigilante de ti y libra tus propias batallas en lugar de intervenir en las de otros. Atento de ti mismo, así avanzarás seguro por la vía hacia la Liberación definitiva.

Interesante. Esta clara la lección. Poner el foco en uno. Centrarse en las batallas propias y no despistarnos con las de otros. Ahí está la clave. 

Abrazos 
Iñigo

sábado, 23 de noviembre de 2013

Gratitud

Buenas

Esta semana una propuesta para mejorar nuestro bienestar. Practicar la gratitud. De un artículo de Irene Orce (artículo) extraigo estos dos párrafos:

"Para conectar con el agradecimiento tenemos que ganar en flexibilidad y perder en rigidez. No en vano, agradecer lo tiene todo que ver con apreciar, valorar y vivir en el presente. Eso significa aprender a hacer las paces con el hecho de que la vida en general no es como nosotros creemos que debería de ser. No en vano, las expectativas y nuestra visión de la realidad influyen de forma determinante en nuestra capacidad de agradecer. Sin embargo, la gratitud es un músculo. A medida que la entrenamos, cada vez percibimos más cosas por las que sentirnos agradecidos. De ahí que sea una buena idea poner en práctica un ejercicio muy sencillo, propuesto por el padre de la psicología positiva, Martin Selligman: durante una semana, cada noche, antes de acostarnos, pensar en tres cosas que nos hayan sucedido ese día que nos hagan sentir agradecidos. Es el primer paso para empezar a ver nuestra vida desde una perspectiva más constructiva. El primer día puede resultar difícil, pero si somos constantes podremos ver cómo cada vez surge de manera más natural."

"Practicar la gratitud es una tarea que requiere de tanta constancia como determinación. Pasa por honrar todos los pequeños gestos y detalles que vivimos en nuestro día a día con ilusión. Por hacernos más conscientes del significado de esa palabra mágica, dejando de utilizarla como una mera fórmula de cortesía. Y sobretodo, por poner en práctica el agradecimiento como actitud."

Igual que Irene en su artículo, yo aprovecho para daros las gracias. Por la ayuda, disposición y los ánimos que me ofrecéis cada semana.

Gracias
Iñigo

sábado, 16 de noviembre de 2013

Humildad

Buenas.
Esta semana como hemos hablado de humildad, os propongo esta historia de Jorge Bucay. Reflexiones que nos ayudan a entender como desde la humildad crecemos y nos hacemos grandes. Más sabios. Os dejo con él:

En busca de la verdad perdida

Aceptemos que no somos los dueños de la verdad. Es el primer paso en el camino del aprendizaje.

Escuchar, como dijimos, debería servirnos sobre todo para aprender la parte del todo que todavía ignoramos.

El que no se anima a bajar del pedestal de creer que se lo sabe todo, nada puede aprender de los demás a los que sin escuchar desprecia porque supone, o peor aún, decide, que nada pueden enseñarle.

El siguiente paso del camino es entonces aprender a aprender. Escuchar con humildad.
Saber lo que sabemos y lo que no sabemos y enriquecernos con el saber de otros.

Cuenta un viejo cuento tradicional que había una vez un hombre que buscaba la verdad. Le habían dicho que la verdad era una luz radiante, que iluminaba hasta el más oscuro de los rincones de la ignorancia.

El hombre buscó y buscó la tal luz y al no hallarla se apresuró a empezar a decir que la verdad no existía.

Una noche muy clara, cuando bajó a su aljibe por agua, vio en lo profundo el brillo de un círculo enorme reflejado en el fondo del pozo.

- Es la verdad -pensó-, existe y la tengo yo en el jardín de mi casa. 

Henchido de orgullo y vanidad salió a gritar por el pueblo que tenía la verdad brillando en el fondo de su pozo de agua. Muchos se burlaron de él y el hombre los trató con desprecio. 
Estos son como yo era -pensó-, no creen en la verdad porque nunca la han encontrado.

Otros simplemente no le creyeron. Escépticos -les gritó-.
Y unos pocos le escucharon con atención y le dijeron que ellos también tenían la verdad en su aljibe.  

Estos últimos lo irritaron un poco. Pensó al principio que eran pobres ingenuos que creían tener  la verdad pero que no la tenían ciertamente; sin embargo después de ir a la casa de algunos, los más amigos, comprobó que la luz de sus pozos era por lo menos tan radiante como la del suyo. 

Hay muchas verdades -concluyó-. Cada uno tiene la propia y todas irradian su propio resplandor. 
Un día al visitar el pozo para dejar que la verdad iluminara su rostro, miró en el fondo
y no encontró el brillante círculo luminoso. 
El no lo entendió en un primer momento pero el viento  soplaba muy fuerte esa noche y el agua agitada dentro del pozo no llegaba a reflejar la luz de la luna que a pesar de todo brillaba radiante en el cielo.

Pensó que la verdad lo había abandonado y se sientió triste y desesperanzado.

En un retorno a lo divino alzó los ojos llorosos al cielo… y la vio. Entonces comprendió. La luz de su aljibe no venía desde dentro. La suya y la de otros eran el reflejo de la luna en el firmamento espejada dentro de cada pozo.
Reflejos que iluminan

Así evoluciona nuestra relación con la verdad. Empezamos desconfiando de que alguna verdad exista. Antes o después descubrimos un pedacito de ella y nos enamoramos de nuestro descubrimiento. Nos creemos superiores y dotados, portadores de una verdad única e incuestionable. 

Con el tiempo nos vemos obligados a aceptar que hay otros que también tienen su verdad; y después de intentar descalificarlos sin éxito, los incluimos en la lista de elegidos, que por supuesto integramos, la nómina de aquellos, que por supuesto integramos, la nómina de aquellos que encontramos la verdad.

Finalmente nos damos cuenta de que la verdad no es algo que alguien pueda poseer. Nos damos cuenta de que solamente podemos acceder al tibio reflejo de su luz y esto ni siquiera permanentemente.
Encontramos por fin el lugar de la humildad del que sabe lo que no sabe y está decidido a aprender. 

Aceptemos pues que nadie tiene la verdad, en todo caso poseemos, y por momentos, pequeños retazos de ella, reflejos de una verdad mayor que nos ilumina a todos.

Jorge Bucay

Muy interesante verdad. 
Abrazos.
Iñigo

domingo, 10 de noviembre de 2013

Vivir la vida

Buenas de nuevo.
Esta semana os dejo enlace a un video del programa Informe Robinson sobre la historia del ciclista Markel Irizar. Son 25 minutos. Muy recomendable. Historia con gran enseñanza. Apostar por la vida, priorizar lo importante y sembrar alegria alrededor. Todo un reto. Bizipoz.
Lecciones para poner en practica.
Un abrazo
Iñigo

sábado, 2 de noviembre de 2013

Aquí y ahora

Buenas

Unas reflexiones sobre vivir el presente, sobre el famoso Carpe Diem como máxima para aprovechar los momentos de la vida. Reflexiones extraidas de José María Dempere en la web Piensa es Gratis:

"No se trata de ir en busca de un objetivo como un conejo persigue un palo con una zanahoria, no se trata de demostrar nada a nadie ni de ir ràpido, ni de buscar la perfección...se trata simplemente de disfrutar del camino, de ser uno mismo, de sentir que vivimos una vida con sentido, y que sólo hace falta abrir bien los ojos para comprender que la felicidad se capta estando atentos en el presente y se crea con nuestras acciones. En definitiva, ser la mejor versión de nosotros mismos, sentir que estamos dando lo máximo y estamos saboreando la vida como saboreamos un helado una tarde de verano.

Para ello hemos de aprender a relativizar. Darnos cuenta que ni todo es tan terrible cuando las cosas no salen mal ni todo es tan perfecto cuando nos salen bien. Entender que, en nuestra vida, nos van a pasar cosas buenas y malas hagamos lo que hagamos y que sólo depende de nosotros afrontarlas de la mejor manera posible.

Darnos cuenta que cada momento es único, si así lo vivimos, que estamos teniendo la inmensa suerte de compartir una vida con otras grandes personas y entender que la vida puede ser un viaje lleno de magia donde cada día sea un misterio, cada minuto una sorpresa y cada segundo un regalo."

Pues hasta aquí la cita. Seguro que nos ayuda a apostar por vivir en el presente como mejor forma de vivir. Porque esos es la vida. Esa sucesión de momentos. Vamos a vivirlos con plenitud. 

Abrazos 
Iñigo